lunes, 18 de noviembre de 2013

ADN mitocondrial

ADN MITOCONDRIAL

Muchas veces te habrás preguntado,¿ de quien soy más de mi madre o de mi padre? Si tenemos en cuenta de quien recibes más ADN la respuesta está clara, somos más de nuestras madres, y esto se explica por el ADN mitocondrial.

Todo nuestro ADN mitocondrial procede del óvulo, y por lo tanto de nuestras mmadres. Además este ADN permanece "puro" sin combinarse generación tras generación por lo que es un excepcional marcador para seguir nuestro origen genético




domingo, 17 de noviembre de 2013

CLONACIÓN

Clonación, si la oveja Dolly levantara la cabeza...


  •   Hace 10 años (en 2003) murió el ovino más famoso
  • Su creación abrió la puerta a la clonación de mamíferos
  • Los intentos para repetir el experimento en humanos no han funcionado


CLONACIÓN ANIMAL

LA OVEJA DOLLY


Después de viajar en el tiempo y destruir el mundo, la clonación representa seguramente uno de los primeros clichés sobre el mito del científico loco que le vienen a cualquiera a la cabeza, y clonar ovejas ya parece de chiste. Esas dos —la alarma ética y la broma fácil— fueron de hecho las reacciones más comunes que suscitó el nacimiento de Dolly en febrero de 1997. Es muy comprensible, y el propio CREADOR, Ian Wilmut, embriólogo del Instituto Roslin de Edimburgo contribuyó no poco a ello con su estilo distante, abstraído y un punto chacotero.
Como material de partida, por ejemplo, el investigador escocés no utilizó una oveja viva —que hubiera pasado a la historia como la madre genética de Dolly o el original del que se sacó la fotocopia—, sino un insustancial pedazo de glándula mamaria guardado en un congelador de su laboratorio. Esta planificación experimental descuidada, o al menos subóptima, ayudó a suscitar, dentro y fuera de la comunidad científica, actitudes escépticas que tardaron años en despejarse del todo. El propio nombre de la oveja es un chiste algo grueso sobre ese origen mamario de su genoma y las medidas de la cantante country de Tennessee Dolly Parton.



Pero lejos de la luz pública y al resguardo de los chistes verdes, los biólogos del desarrollo recibieron el experimento de Wilmut sinceramente deslumbrados: hasta ese momento habían permanecido confundidos sobre una cuestión central de su disciplina.

El cuerpo está hecho de trillones de células —neuronas del cerebro, glóbulos blancos de la sangre, hepatocitos del hígado—, y todas ellas provienen de una sola, el cigoto que resulta de la fusión de un óvulo y un espermatozoide. El problema central de la biología del desarrollo es entender cómo ese único genoma original se especializa en el genoma de una neurona, de un glóbulo blanco o de un hepatocito, que hacen cosas tan distintas.
El descubrimiento de las células iPS ha supuesto una alternativa

Los científicos llevaban décadas intentando clonar mamíferos de todo tipo, y habían fracasado tantas veces que, para los años noventa se habían convencido de que sus fallos querían decir algo: que el desarrollo se basaba en cambios irreversibles en el genoma de las células; que en las células del adulto no había ningún genoma original intacto, sino solo genomas de neurona, de glóbulo blanco o de hepatocito; que el desarrollo era una calle de dirección única; y que así cómo les iba a salir el experimento.


Por eso Dolly fue tan importante científicamente. Todo su genoma provenía de una célula adulta y especializada en producir leche; pero era obvio que ese genoma estaba lo bastante intacto como para recapitular el desarrollo entero, puesto que Dolly tenía neuronas, corazón, hígado y tanta lana como cualquier otra de su raza, que por cierto era un híbrido de Finlandesa y Dorset. La mera existencia de Dolly refutó la teoría prevalente sobre el desarrollo humano, y por tanto recondujo toda la experimentación del campo.

LA MUERTE DE DOLLY

Cuando murió la oveja Dolly, hace ahora 10 años, el campo de la clonación que ella misma había inaugurado seguía un curso tan delicado y apacible como una mañana de junio, hasta el punto de que la mayor polémica del momento versó sobre la esperanza de vida de las ovejas en Europa y la conveniencia o no de mantenerlas estabuladas en los climas húmedos del fiordo de Forth.
La muerte temprana del animal no tuvo que ver con el proceso

En vida de Dolly, Wilmut se pronunció vigorosamente por las aplicaciones clínicas de la clonación, como hicieron muchos otros científicos en todo el mundo, y utilizó su prestigio para persuadir al Gobierno británico de promover las regulaciones necesarias. Pero el estilo indolente o desaliñado que había mostrado cuando nació la oveja pareció asomar de nuevo al morir el animal en 2003, a los seis años de edad.


Hay mitos científicos populares casi imposibles de erradicar. Las vacunas matan niños, los transgénicos dan alergia, la gripe A fue un invento de la Organización Mundial de la Salud en contubernio con la industria farmacéutica. Otro de ellos es que la oveja Dolly sufrió una muerte prematura, pagando así en sus carnes por la arrogancia y endiosamiento de sus creadores, ¿no es cierto? No. La realidad es que Dolly murió de un adenocarcinoma pulmonar ovino (OPA), un cáncer de pulmón de origen vírico muy común en toda Europa y que ataca a las ovejas jóvenes, mucho antes de que cumplan los 11 años que en teoría, o en condiciones ideales, alcanzan los de su especie.
Pues bien. Dolly murió el 14 de febrero de 2003. Pese a que el mito de la muerte prematura se propagó al instante, y pese a que ello arrojaba graves sospechas sobre la seguridad de la clonación y su aplicación clínica, Wilmut no hizo el menor ademán de desmentirlo durante las siete semanas siguientes. El 3 de abril, este diario tuvo que extraerle con fórceps que “la muerte de Dolly no tuvo nada que ver con su clonación”. Cuando le pregunté por qué no había dicho nada hasta entonces, respondió:
Quisimos anunciarlo el día de la muerte y el veterinario nos disuadió. Quería ver antes la autopsia.
Ese es Wilmut. El veterinario le disuadió.

CLONACIÓN EN OTRAS ESPECIES

Las aplicaciones del trabajo están aún en sus primeras fases

El experimento pionero de Wilmut fue solo el primero de una lista que ya se va haciendo larga. De momento los científicos han logrado clonar unas 20 especies animales, entre ellos mamíferos como el gato y el ratón, la rata y el venado, el cerdo y el conejo, la yegua de carreras y el toro de lidia. Algunos de estos experimentos tienen claros objetivos científicos, otros igualmente claros fines económicos, y algunos se deben más bien a una especie de tic clonador, a la necesidad de hacer algo por el mero hecho de que puede hacerse.

CLONACION HUMANA

Solo un año después de la muerte de Dolly, creímos disponer ya de los primeros clones humanos, y no era cierto. No había tal, y sigue sin haberlo; incluso es posible que no haga falta, al menos hasta que Dolly levante la cabeza.
Mal podía sospechar el famoso óvido escocés que, incluso en el mismo momento en que exhalaba su último suspiro, un veterinario coreano llamado Hwang Woo-suk estaba maquinando uno de los planes más audaces y maquiavélicos de la historia de la ciencia; que solo un año después se anunciaría la primera clonación humana; en otro año los primeros cultivos de células madre genéticamente idénticos a cualquier paciente; y en otro más que todo ello era un fraude monumental. Ay Dios mío si la oveja Dolly levantara la cabeza.

CLONACIÓN Y PREMIO NOBEL

El investigador, Ian Wilmut,se quedó el año pasado sin Nobel

El fallecido lanudo, por otro lado, ha estado en un tris de llevarse el último premio Nobel de Medicina. En vez de galardonar al creador de Dolly, la Academia sueca ha preferido premiar a su causa y a su efecto, por así decir: a John Gurdon, que clonó en los años setenta al precedente de Dolly —una rana sin nombre que no alcanzó los titulares de la época— y a Shinya Yamanaka, que ha logrado en los últimos años un tipo de células madre (células iPS) genéticamente idénticas a cualquier paciente, y que constituyen la gran promesa actual de la medicina regenerativa. Wilmut, en medio de estos dos hitos, se quedó sin premio Nobel, aunque ahora se llama sir Ian Wilmut, que casi es más en algunos círculos británicos.



TABLA RESUMEN INVESTIGADORES Y CLONACIÓN



John B. Gurdon y Shinya Yamanaka han sido galardonados con el premio Nobel de Medicina y Fisiología 2012. El trabajo de ambos investigadores ha revolucionado la medicina regenerativa, al establecer las bases para reprogramar células adultas en células pluripotentes (madre).



Se trata de uno de los premios más cercanos a la actualidad, ya que los trabajos de Yamanaka, que estableció los genes que había que manipular, son recientes: los publicó en 2006.

El método de reprogramación descubierto por Yamanaka es muy simple: consiste en añadir a las células adultas (él lo hizo con células de la piel) tan solo cuatro genes, o bien las cinco proteínas que esos genes fabrican. Con ello consiguió que estas células volvieran a un estado similar al de las células embrionarias, con lo cual se podían después diferenciar en cualquier otro tejido. Con ello consiguió lo que ya se conocen como iPS -células pluripotenciales inducidas- (por sus siglas en inglés). Esta simplicidad es muy deseable si estas técnicas están llamadas a llegar algún día a la práctica clínica. Este material tiene la ventaja de que es fácil de conseguir (no necesita un embrión) y, en un futuro, podrán aprovecharse con facilidad ya que como tienen los mismos genes de la persona en la que se va a usar, evitará el complicado problema de los rechazos.
Yamanaka ha dado, hasta ahora, el último paso en este campo, el británico Gurdon ya había empezado el camino 40 años antes, cuando demostró que el núcleo de cada célula mantenía la información para diferenciarse en cualquier otro tejido, y que lo que sucedía era que las instrucciones correspondientes se mantenían desactivadas. Para ello, en 1962 realizó la primera clonación de un vertebrado: introdujo el núcleo de una célula intestinal de una rana en un óvulo (por lo tanto ya adulta y diferenciada), y demostró que el embrión así creado se desarrollaba hasta la fase adulta. Lo mismo  que  realizó en 1996 Wilmut con Dolly. 

Los 34 años intermedios fueron la confirmación de que el proceso así contado no es tan sencillo. El núcleo de una célula no es solo genes. Cada vez está más claro que lo verdaderamente importante desde un punto de vista práctico es lo que hace que uno de estos se exprese o no lo haga, y de eso se encarga lo que se ha denominado epigenética, que estudia los factores de activación o silenciamiento.

Existe por lo tanto un  sistema de señalización —la epigenética— que permite  identificar qué instrucciones hay que usar para construir el ser vivo adecuado. De hecho, parece que con la evolución este sistema de códigos se va complicando, y el hecho de que todavía no se haya conseguido clonar seres humanos —cuestiones éticas aparte— es lo que ha impedido que se haya utilizado la técnica en humanos.

Precisamente son las cuestiones éticas unas de las que más han empujado el trabajo de Yamanaka. La idea de conseguir células madre sin la necesidad de recurrir a embriones, solventa el problema ético de la destrucción del embrión en fase de blastocisto (esfera de células indiferenciadas de células de los primeros 14 días de gestación).
Con los trabajos de Yamanaka estos reparos se solventan. Aunque su principal aportación es su relativa simplicidad, que puede apostar porque en un futuro cercano habrá una cantidad de células madre disponibles casi sin límite. Claro que todavía hay algunas pegas, como que la reprogramación no es total, y las células iPS mantienen algunas características adquiridas por las células  adultas, (como adición del grupo metil –CH3 en ciertos lugares de  los genes), que las lleva a la propensión a ciertas enfermedades.

Gurdon y Yamanaka se convertirán, respectivamente, en los premiados con el Nobel de Medicina número 200 y 201.